La Fragua de Vulcano

 

Este cuadro describe la imagen del más famoso adulterio de los Inmortales Olímpicos, el de Afrodita (diosa del amor), esposa de Hefesto (dios del fuego), con Ares (dios de la guerra). El "ángel" que aparece a la izquierda del cuadro no es tal, es Helios (dios del sol). Si mis lectores recuerdan el cuadro, percibirán en seguida que el tal "ángel" carece de alas, siendo impensable en la iconografía católica un mensajero de Dios áptero (recordemos que en Griego Clásico el término ággelos de donde proviene nuestro "ángel" significa, precisamente, "mensajero"). Se ve claramente que es Helios por la iradiada luz que emana de su cabeza en forma de disco solar.

Un día, Helios que todo lo ve y todo lo escucha, pues ese es precisamente uno de los epítetos de esta divinidad, descubre los amores de Ares y Afrodita, mientras Hefesto trabaja en la fragua (ya por aquellos días las mujeres aprovechaban la presencia del marido en el trabajo para sus deseos ocultos), y corre, o por decirlo mejor vuela a contárselos a Hefesto. Recuerden aquí la cara de sorpresa del herrero en el cuadro. Ante este hecho, el pobre cornudo de Hefesto trama su venganza: capturar en una red invisible e irrompible a los amantes. Una vez terminada la red, la cuelga sobre el divino tálamo y cuando su esposa se encuentra de nuevo con su amante, la red cae sobre ellos impidiéndoles la huida y privándoles de movimientos. En este momento el marido engañado convoca a los Inmortales para mostrarles su "caza" y que ellos juzguen y decreten el castigo tanto para su adúltera esposa como para su guerrero amante.

Pero el resultado no es el esperado por Hefesto, pues tan pronto como los dioses contemplaron el espectáculo, irrumpieron en carcajadas pues... ¿a qué dios no le gustaría yacer con la más bella de las diosas y a qué diosa no le gustaría hacer lo propio con el dios más lozano de las inmortales moradas olímpicas? Por lo tanto, es por esto por lo cual los amantes no fueron castigados ni juzgados y quien salió peor parado fue Hefesto que, si me permiten la expresión, quedó cornudo y apaleado, aunque fuera en su amor propio.

Los otros tres herreros que aparecen en primer plano en el cuadro, fácilmente pueden ser los tres cíclopes uranios: Brontes, Estéropes y Arges (Trueno, Relámpago y Rayo, son nombres parlantes), que son los encargados de fabricar el rayo del altisonante Zeus. Es de la época de la poesía alejandrina cuando los Cíclopes serán considerados únicamente como artesanos y forjadores, perdiendo ese matiz de privilegio divino y siendo los artífices de las armas de los dioses en general bajo la supervisión de Hefesto. En el cuadro son los únicos herreros de los cinco que hay a los que se les ve un ojo solamente, haciendo referencia tal vez a la peculiaridad de su naturaleza ocular, pues los cíclopes tenían un ojo nada más. Se creía que tenían su forja bajo el suelo de Sicilia y que el resoplido de sus fuelles y el golpeteo de los yunques se asoció en la antigüedad a las convulsiones pirogénicas del Etna. El cuarto herrero que está al fondo de la fragua ya es más difícil de ubicar en un marco mitológico, bien pudiera ser Tifón, un ser mitad hombre mitad fiera, al que Zeus arrojó al mencionado volcán y tal vez nuestro pintor confundiera o asociara los mitos, aunque es cierto que está en un segundo plano. También puede ser un personaje anónimo puesto ahí para resaltar la escena costumbrista y camuflar el verdadero contenido pagano del cuadro en una época de clara presión religiosa.

LA PINTURA MITOLÓGICA VELAZQUEÑA: LA FRAGUA DE VULCANO, LAS HILANDERAS Y LOS BORRACHOS  Rubén Ríos Longares

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